No voy a resumir el contenido del artículo de Raine Koskimaa ni voy a hacer un breve resumen de su trayectoria y sus méritos académicos. Las cuestiones que se me plantean a raíz de la lectura del trabajo son varias. Y espero que den lugar a opiniones un tanto contrarias a las mías.
No creo que el panorama lector en nuestro país sea tan catastrófico como parece flotar en el ambiente, sobre todo cada vez que se publica el informe PISA de turno. A este respecto, creo que hay un artículo en EL PAÍS que conviene leer por encima. Por supuesto es comparativamente peor que el de Finlandia y otros países donde hace cuarenta años el acto de leer era mucho más asequible a la mayoría de la población que en España. Sin embargo, queda tanto por hacer que hay espacio para el optimismo. Es más preocupante ver lo que no se hace o cómo se hace lo que sí se hace.
Me gusta especialmente una expresión del artículo que quizá puede pasar inadvertida para muchos. Me refiero a cuando el autor habla de sistemas de significación y comunicación. ¿Qué diferencias hay entre ambos conceptos? A mi modo de ver, la significación no implica comunicación, aunque éste última no puede darse sin que exista un significado de por medio. Así pues, sistemas de signos (cualquier cosa es potencialmente un signo, cualquier signo está potencialmente integrado en un sistema) cuyo propósito no es comunicativo (sino, por ejemplo, lúdico), pueden alcanzar niveles significativos no previstos en el momento de su generación/creación/aparición.
De los cuatro tipos de personas que prevé Koskimaa, en función de su capacitación digital y lectoescritora, ¿para cuándo podríamos prever que el profesorado esté compuesto en su mayoría por gente competente en ambos aspectos? ¿Qué nivel de capacitación tecnológico-digital será necesario adquirir para poder participar de la ciberliteratura que propone Koskimaa? Creo que el cambio de paradigma aún tardará muchos años en llegar, porque parece depender de una conjunción extremadamente exigente de capacidades de programación informática y técnica literaria. Hoy en día habría que incidir especialmente en las posibilidades pedagógicas de los sistemas de comunicacion digitales que se apuntan. Sin embargo, en mi opinión, el artículo de Koskimaa no revela ningún aspecto realmente novedoso en este sentido, a excepción en todo caso del proyecto Text-Arc, cuyo espíritu aún no he podido descifrar.
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